La historia de Markyza empezó con 30 mil pesos, una bolsa de leche y 20 gramos de nódulos de kéfir—el afamado “oro blanco”—en los que Yeimy Jiménez Medina encontró alivio para los dolores que, semana tras semana, la llevaban al hospital en busca de calma, entre ellos: gastritis, colon irritable, retención de líquidos, y sumado a estos síntomas, tenía sobrepeso.
Un día, una vecina le ofreció una bebida agria, muy agria, nada agradable al paladar, asegurándole que esa sería la cura para todos sus males. Y, desde 2021, esa promesa se hizo realidad. Yeimy no solo recuperó su salud y vitalidad, sino que también encontró la fórmula para generar ingresos y crear una empresa con impacto local. Sí: el kéfir la sanó… y también la salvó de caer en la bancarrota.
“Una señora me dio una bebida para la gastritis. La probé; era un producto muy agrio, poco agradable, pero me sentí mejor al consumirlo. Decidí tomarlo por varios días y comencé a desinflamarme. Poco a poco pude volver a comer. Con mi esposo empezamos a investigar sobre el kéfir, conocido como oro blanco, rico en probióticos, vitaminas, proteínas y calcio, famoso por sus múltiples bondades”, recuerda Yeimy.
Durante dos años, esta emprendedora y su esposo – Federico Giraldo- se dedicaron a estudiar, analizar y ensayar, errando y volviendo a intentar, hasta crear su propio kéfir: un producto 100% natural, sin conservantes ni químicos, y, además, agradable al paladar.
“En Markyza Kéfir ofrecemos bienestar encapsulado en un frasco. Nuestros productos son naturales, elaborados con nódulos vivos y pensados para acompañar a las personas en el mejoramiento de su salud. No vendemos una bebida: entregamos bienestar”, afirma Yeimy, quien destaca que emprender exige disciplina, constancia y una gran capacidad de adaptación, innovación, resiliencia y fe. “Gracias a Dios encontramos la fórmula perfecta”, dice orgullosa.