Viviana Cortes nació para los negocios. Un talento innato que sin pensarlo comenzó a perfeccionar junto a su hermano, su cuñado, y a Mariluz, la vecina, a quienes desde pequeña vio alcanzar sus sueños, mientras fabricaban y comercializaban zapatos. Para ese momento, ella no se imaginaba lo complejo que era emprender.
Al salir del colegio, inició con su primer negocio. Le pidió a su papá que le prestara un Renault 4, el cual no sabía manejar ni le interesaba, lo quería para parquearlo estratégicamente y vender a través de sus puertas, los zapatos confeccionados por su hermano. Una idea que le funcionó y durante meses se convirtió en buena fuente de ingresos.
Luego comenzó a caminar por las zonas comerciales de Bogotá ofreciendo zapatos, desde el primer día conquistó clientes, ubicando en grandes vitrinas el producto familiar. Pero un día, por cuestiones económicas, la empresa cerró. Ella y su hermano tuvieron que buscar empleo y así permanecieron por varios años… Hasta que doña Eva, como se llamaba su jefe, previo a su jubilación, le propuso quedarse con las máquinas.
Para ese momento, Viviana no tenía dinero ahorrado y menos para cerrar dicho negocio, pero se arriesgó y aceptó la propuesta. Desde entonces diseña, fabrica y comercializa sus propios zapatos, bajo la marca Bless Shoes, productos elaborados con pieles sintéticas y cueros de alta calidad, para mujeres y niñas activas, dinámicas, que buscan comodidad, estilo y seguridad al caminar.
Una empresa que comenzó enfrentando grandes retos, los cuales ha sabido convertir en victorias, gracias a la confianza y el apoyo incondicional de su esposo, junto a quien ha superado temores.
El primero fue reincorporar a la vida laboral a su hermano, quien, debido a una compleja situación de salud, perdió la movilidad en algunas áreas de su cuerpo, por lo que ella debió adaptar máquinas y procesos a su nueva realidad.
Después, una mujer sordomuda se presentó en el local solicitándole una oportunidad y detrás de ella comenzaron a llegar mujeres víctimas de violencia, madres cabeza de familia y hasta personas en situación de calle. Todas fueron y siguen siendo contratadas por Viviana, quien tiene claro que en la empresa: “no solo producimos zapatos, aquí transformamos vidas” y agrega “con el tiempo nos hemos convertido en una familia, donde también nos apoyamos, sin descuidar la meta a la que queremos llegar”.