Nabonazar y la Corporación Ayuda Humanitaria, aliados para la generación de oportunidades educativas y económicas para poblaciones vulnerables
Nabonazar Banquez Santiago es un cartagenero radicado en Medellín desde hace 17 años. Es administrador de empresas y especialista en formulación y evaluación de proyectos. Desde hace 16 años, trabaja en la Corporación Ayuda Humanitaria, organización social, sin ánimo de lucro que nació en 1998 con el fin de orientar y acompañar en el marco de emergencias a personas y familias vulnerables de Medellín, Antioquia y Colombia, y en los últimos años a migrantes y refugiados que llegan al país en busca de mejores condiciones.
En esta organización, Banquez Santiago se desempeña como líder del componente: medios de vida de un proyecto de cooperación internacional que ejecutan de la mano de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados- ANUR.
“Lidero un equipo interdisciplinario que brinda acompañamiento a las familias beneficiarias, acercándolas a nuevas oportunidades y favoreciendo la generación de ingresos desde dos líneas: empleabilidad y autoempleo o emprendimiento”, aseguró Nabonazar.
En la búsqueda de oportunidades para las personas en condiciones de vulnerabilidad, desde el 2020, la Corporación Ayuda Humanitaria y Microempresas de Colombia gestaron una alianza, orientada a acercar a migrantes y refugiados provenientes de Venezuela a formación gratuita en temas asociados con educación financiera, habilidades digitales y ciencias de la computación. Lo anterior, con el respaldo del Programa POETA DigiSpark.
Es así, como este año, por ejemplo, fueron formadas 90 personas en diferentes áreas del conocimiento, entre ellas: marketing digital, manejo personal, familiar y empresarial de las finanzas, conceptos básicos de empleabilidad y autoempleo, técnicas de ventas y habilidades digitales.
De acuerdo con Banquez Santiago, esta alianza ha significado grandes aprendizajes y logros, entre ellos, incidir en la forma como la población migrante y refugiada logra vincularse al mundo laboral o adquiere conceptos y conocimientos asociados al manejo adecuado de sus unidades productivas.
Una alianza en la que ambas partes han podido definir y concertar el enfoque de los cursos para lograr el impacto deseado: fortalecer las habilidades y competencias de la gente para que pueda encontrar los mejores medios posibles para su subsistencia, incrementar su calidad de vida y de paso, contribuir al cierre de brechas sociales.
“Esta ha sido una alianza enriquecedora”, afirmó Nabonazar, quien agregó que “es muy satisfactorio gestionar y consolidar este tipo de alianzas, que tienen un impacto positivo sobre el proyecto de vida de otras personas, permitiéndoles superar barreras, avanzar en su autosostenimiento y lograr su integración socioeconómica”.